Una debil espera

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Mas allá de un final


                                        Más allá de un final
                              Tercera parte y final – episodio 1

Mes de Julio, hasta el momento cinco mujeres fueron halladas culpable de brujerías, sus sentencias fueron dictadas, morir colgadas en la horca hasta que mueran. Ahora sin contar los cientos de condenados que esperan sus juicios en las cárceles por ir en contra de las leyes estatales, o más bien por inducir al acto prohibido de realizar, según ellos, actos de brujerías.

Mientras el caos reinaba en Salem como todo un cruel héroe, acusando a diestra a siniestras a toda persona, el amor crecía eufóricamente entre ellos. Cada día era un día más que se conocían, que se enamoraban, que se deseaban y que se alimentaban de aquel amor que se juraban. Aquellos secretos encuentros no sufrían carencia de afectos, de locuras, de deseos, al contrario todo sus debilidades se hacían fuerte, no había nada que dañara sus sueños, aquellos sueños que los encaminaba a una vida juntos, el de vivir siempre bajo el mismo deseo, compartir el resto de sus vidas en plena comunión, uno al lado del otro. Sabiendo el riesgo que corrían, no claudicarían ante sus designios. Ellos eran dueños de su inmortal amor que habían sembrado en sus apasionados corazones.

Son amores imborrables que se quedan en los más profundo del corazón de aquel ser que solo conoce ante todo nebuloso desamor, el amor. Es una hermosa locura el amar, un bello pasaje delineadas con letras y palabras que roban todo sentido, es un cuento real el amar. El amor, simple verbo, pero sin límites de profundidad, de anchura, este verbo no conoce limite, no conoce final, pues solo conoce su propio principio. Es este acto romántico, donde la plática del amor es cotidiano en los corazones que cargan dentro de sí, este maravilloso verbo, pero solo el auténtico amor, el que no codicia, el que desea sin límites a su amada, o a su amado, el que da sin esperar nada, el que ama sin condiciones, el que no manipula la pasión, el que se desvela haciendo el amor con su otra mitad, que no finge amar, que ama hasta perder la calma en una cama, todo aquel que ha amado conforme al deseo puro de su corazón, creo que puede hablar de esto y más.

A pesar que en Salem, las cosas no han sido mejor para sus habitantes, aquella pareja de enamorados aún seguían bajo el hechizo perfecto del amor. Han transcurridos semanas que ambos no han dejados de verse a escondidas, como dos amantes que buscan el lugar para amarse en secretos, en soledad, en misteriosas mentiras, solo con el fin de buscarse y encontrarse en sus labios y en sus cuerpos. Pero ellos desconocían que el mal no era una sombra de inventos, sino el mal se había personificado en un ser mucho más cruel, el habitar en el corazón de una persona. Fue así que un día, un día de aquellos de tantos, se volvieron a encontrar, en el mismo lugar de siempre, en ese lugar que solo los objetos inanimados eran los mudos testigos de su real amor, en ese lugar que guardaban todas sus historias, donde quedaban las promesas, los sueños, las caricias, los besos, el sudor y su desnudes, en ese lugar que creían seguro, ciertamente el ojo del mal aguardaba detrás para observar y descubrir ese misterio que ambos guardaban en el más profundo secreto de sus corazones. 

Aquella hermosa y frágil muchacha, de bellos ojos, de labios rojos como el carmesí, de piel suave y blanca como las nubes en primavera, con su cabello dorado que descansaba en sus hombros parecían un campo de trigales a la espera de la cosecha. Ella, enamorada hasta el mismo infinito, se sentía llena, plena, amada, correspondida, deseada. Ese amor que sentía, le hacía volverse ansiosa, ansiosa por estrellar sus labios contra los de él. Rogaba al tiempo para que este apresurara sus horas, pues anhelaba que la tarde llegara pronto para salir corriendo a encontrarse con Henry. Pero a veces el amor solo nos muestra el presente, está en nosotros decidir cómo queremos que sea nuestro futuro, y en este caso cada día que se han encontrado, ha sido un momento de presente, ahora el fututo estaría en sus propias manos, y quizás aquí, es cuando se muestra lo que uno dice sentir cuando se ama, amar sin condiciones y limites, amar sin importar donde lleguemos, sin importar que se tenga que cruzar el lumbral de la vida y de la muerte.

A caído la tarde, y esta tarde esta hermosa, el cielo se ha teñido de un hermoso color dorado, el sol apenas puede verse detrás de las colinas verdosas, pero sigue en forma heroica destellando sus últimos rayos testificando que aún no se ha ido. Emily ha terminado con sus deberes, se presenta delante del terrateniente que yacía sentado detrás de su gran escritorio, le pregunta si desea algo más antes de retirase a casa, más él le dice que no hay más que pueda ofrecerle en este día, entonces ella se despide atentamente diciéndole – hasta mañana señor. Así una tarde más llega para ella, una nueva oportunidad de ver a su amado, aunque sea por el momento a escondidas. Sale de casa, camina un tramo para luego desviarse en dirección de aquel aposento artificial donde le esperaba Henry, que a la distancia se veía que se asomaba tímidamente a la espera de ella. Aquel tramo entre ella y el, parecen infinitos, se desean, sonrisas cómplices se dibujan en sus rostros, no hay oportunidad que no se pueda aprovechar para decirse cuanto se aman, cuanto se quieren, cuanto se desean. Aquel tramo que parecía infinito para ambos, acababa demostrando que no lo era. Ambos se estrellan entre abrazos, se envuelven con caricias y besos, sus labios se funden como el metal en un crisol, sus lenguas se enrollan como un nido de serpientes, sus manos se entrelazan como eslabones de cadenas, sus poros se abren a la espera de lo que pronto saldrá en ellos, aquel sudor que baña los cuerpos deseosos de amar. Por unos minutos sus labios de despegan, se miran, sus ojos se observan, aquellas penetrantes miradas se hablan entre sí, pues dicen quizás mucho más que sus propias palabras. Un gran suspiro sale entre ellos para estremecer al silencio que les rodeaba. Henry cariñosamente toma la mano de Emily, se miran, el desvía coquetamente su mirada al fondo del granero, ella hace lo mismo, se vuelven a mirar, una vez más en ellos se dibujaba una cómplice sonrisa. Tomados de las manos, se pierden en el fondo, desapareciendo en medio de la oscuridad como si ella se los tragara.

Así una vez, se entregaron para olvidarse de que el mundo existía a su alrededor, ellos se amaron como si cada oportunidad que se entregaban, era como si fuese la última vez. En esa oscuridad se desearon, se acariciaron, gemidos, sudores, besos, cuerpo a cuerpo, desnudos, cuerpos recorridos por labios, así, sin temer a lo que se sentía fuera de aquel granero, ellos se juraron su eterno amor. Pero el mal, no duerme, no descansa. Cuando aún seguían en su amor, desnudos, en medio de la oscuridad, una cruel sombra le observaba, aquella sombra con vida propia, sigilosamente se acercaba a ellos, sin que Henry y Emily se dieran cuenta que no estaban solos. Aquella misteriosa sombra permaneció en silencio, como si fuese parte de la oscuridad que reinaba en aquel granero. Allí observaba toda imagen de ellos, pero así como llego en forma fantasmal, así se marchó. Pero ellos sin saber que hubo una presencia entre ellos siguieron con su deseo, amarse hasta extasiarse, como si sus cuerpos sudados por causa de amor, profetizaran que sería la última vez que estarían juntos. Luego de entregarse sin condiciones, sus ropas vuelven a cubrir sus cuerpos, se abrazan como si quisieran fundirse en un solo ser, las últimas caricias de él, peinan el cabello de ella, sus labios se unen como señal de desearse hasta mañana. Sonríen, la felicidad en sus rostro pronto se transformaran en agónicas tristezas, y sus amores, en hermosos recuerdos.

A la mañana siguiente, Emily llega a casa del terrateniente, como de costumbre, entra por la entrada de la servidumbre, por la puerta trasera de la casa. Toma su delantal, el resto de la servidumbre hace lo mismo. Una mujer mayor, la encargada de la servidumbre da las órdenes del día, a Emily le asignan esta mañana a que prepare el desayuno a los dueños de casa, pero esta vez, la anciana le dice que coloque un servicio más sobre la mesa, pues una visita paso la noche allí. Así lo hizo Emily, al hacerlo, al haber preparado todo, ella espera a que comiencen a llegar a sentarse, así lo hacen, uno a uno se van sentando, comentando de lo que sucede en Salem. Todos se han sentado en sus lugares, excepto la visita, hasta que luego de algunos segundos, aquella visita hace ingreso, sentándose en el lugar que yacía desocupado. Emily, al verla, no se extrañó, ella conocía la forma de ser de aquella visita, sabía que era algo extraña, pues ella era Ann, una mujer, de carácter fuerte, participe del movimiento puritano, una religiosa extremista, Emily sabía que si algún día ella se enterara de su relación con Henry, la primera que cuestionara esa relación sin duda, era ella. Emily comienza a servir el desayuno, hasta que llega a donde Ann. Entonces Ann, en forma irónica hace una pregunta. – ¿cómo estuvo tu día de ayer Emily? (En Salem casi todo se conocían) las manos de Emily tímidamente temblaron. – Bien, gracias. Una maliciosa sonrisa se dibuja en el rostro de Ann. – ¿que hacías anoche en el granero, luego haberte retirado de aquí? Pregunta nuevamente Ann. Los ojos del terrateniente se clavaron en ella, como esperando la respuesta. Un minúsculo silencio envolvió a Emily. – ¿anoche? – sí, anoche dice Ann. – perdón no sabías que pase la noche aquí. Bueno te observe desde la ventana de mi habitación, y me llamo mucho la atención. Un frio recorrió la espalda de la joven Emily. A la pregunta, todo la observaron. – bueno, anoche fui al granero, quería ver si las gallinas habían puestos más huevos para el desayuno y el almuerzo de hoy. – que atenta eres. Emily es una joven muy servicial, responde el terrateniente con una sonrisa afable. Después de servir, se retira a la cocina, evidenciado dentro de sí, el miedo. Tras ese episodio su semblante cambio, llego a la cocina, y luego sale de allí, quería respirar aire fresco. Todo su cuerpo sudaba con ese frio húmedo que recorre el cuerpo de todo ser cuando presiente algo no muy bueno. Solo desea que pase luego el día, solo con el fin de ver a Henry y contarle lo sucedido. Quizás sean ideas de ella, ideas de que Ann cree saber de su relación con Henry. ¿Pero porque ese miedo a que Ann se entere de su relación con Henry?

Autor: entrepiernasyletras                         
Tercera parte y final: en el episodio 2

miércoles, 12 de octubre de 2011

Tercera parte y final de la historia "Mas allá de un final"

Estimados lectores, ya estoy por colgar mi tercera parte y final de la historia "Mas allá de un final". Espero que sea de su agrado, he preparado otras historia para seguir colgando, aquí en este blog, mi blog, deseo que estas historias sean de su agrado, pero también asi recibir sus comentarios, como hasta ahora me hacen llegar a mi correo, gracias mis estimados lectores. Aquí les dejos solo algo para saborear este menú.


"Mientras el caos reinaba en Salem como todo un cruel héroe, acusando a diestra a siniestras a toda persona, el amor crecía eufóricamente entre ellos. Cada día era un día más que se conocían, que se enamoraban, que se deseaban y que se alimentaban de aquel amor que se juraban. Aquellos secretos encuentros no sufrían carencia de afectos, de locuras, de deseos, al contrario todo sus debilidades se hacían fuerte, no había nada que dañara sus sueños, aquellos sueños que los encaminaba a una vida juntos, el de vivir siempre bajo el mismo deseo, compartir el resto de sus vidas en plena comunión, uno al lado del otro. Sabiendo el riesgo que corrían, no claudicarían ante sus designios. Ellos eran dueños de su inmortal amor que habían sembrado en sus apasionados corazones.

Son amores imborrables que se quedan en los más profundo del corazón de aquel ser que solo conoce ante todo nebuloso desamor, el amor. Es una hermosa locura el amar, un bello pasaje delineadas con letras y palabras que roban todo sentido, es un cuento real el amar. El amor, simple verbo, pero sin límites de profundidad, de anchura, este verbo no conoce limite, no conoce final, pues solo conoce su propio principio. Es este acto romántico, donde la plática del amor es cotidiano en los corazones que cargan dentro de sí, este maravilloso verbo, pero solo el auténtico amor, el que no codicia, el que desea sin límites a su amada, o a su amado, el que da sin esperar nada, el que ama sin condiciones, el que no manipula la pasión, el que se desvela haciendo el amor con su otra mitad, que no finge amar, que ama hasta perder la calma en una cama, todo aquel que ha amado conforme al deseo puro de su corazón, creo que puede hablar de esto y más"

Este es un extracto de la tercera parte y final, pero no es el final.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Mas allá de un final

Solos, nadie mas


                                      Segunda parte

El tiempo parecía fallecer ante ellos, pues sin medir nada, ambos se entregaban con vehemencia antes sus debilidades, el estar juntos para saciarse, para embriagarse de aquel brebaje llamado sutilmente, amor. El bello cuerpo de Emily se contorneaba al ritmo de cada movimiento pélvico que Henry inducia ante ella y al mismo tiempo, suaves gemidos de embriagantes reacciones hacían provocar que el ritmo del corazón bombeara más sangre, eran como dulces notas musicales al oído de todo mortal, y eso provocaba aún más excitación. Henry y Emily se amaban con tenacidad a pesar que a su alrededor el odio cobraba cada día nuevas víctimas inocentes. Corazones sin pasos tristes, sin compañía melancólica, vuelos sin tormentas, cuerpos húmedos, sudados, electrizantes caricias, palomas a los palomares, entrepiernas tapiadas de besos. Todo era transformado en millares de sensaciones en esos cuerpos desnudos que se entregaban con la venia del mismo cielo, y solo para que dos seres a diferencias de edades, se entregaran para unirse en un solo cuerpo, en un solo destino, a pesar que la envidia se acercaba sigilosamente a ellos. Pero todo ello no importaba, si solo se amaban, pues ¿Dónde estaba el pecado en ellos? Sin duda alguna, esos amores son los reales dueños de las historias, y Henry y Emily no quedaban fuera de ellas. Su divino verbo llamado amor les hacía florecer en medio de todo espacio cerrado, eran parte de sus propios sueños. En aquella tarde se amaron, se entregaron una vez más, y cada día que se encontraban se amaban, las eróticas sensaciones les hacía ir mas allá de lo permitido por las intransigentes leyes puritanas que no tan solo dominaban las vidas de los incrédulos, sino también dominaban astrosamente la intimidad sobre sus camas. Sin embargo para ellos solo había una ley que mantenían, estaba vedado separarse y olvidarse, a pesar de lo que pudiera suceder; fue una promesa que se juraron ambos. Luego de haberse amado, se abrazan esculpiendo sus cuerpos  haciendo que ambos fuesen solo uno. Henry la envuelve entre sus brazos, y ella queda envuelta en ellos, como una gallina que envuelve a sus polluelos bajo sus alas. Se sentía segura, amada, mimada, querida en esos brazos que la mantenían contra el pecho de Henry, y porque no decir, al mismo tiempo cerca de su corazón. Para ella, Henry era como un sauce cerca de un riachuelo, y ella la que se saciaba bajo su sublime sombra. Y para él, Emily era como un oasis en medio de un desierto, a pesar que a su alrededor no exista nada, había un trozo de vida en medio de aquel amargo desierto.
Abrazados permanecieron por un momento tumbado sobre aquel pajar, testigos directos de sus pasiones y romances. Nada en ellos eran quimeras, eran verdaderas imágenes de entrega total de consuelo y promesas eternas, sin olvidarse del riesgo que corrían ante una relación quizás, prohibida. Pero es imposible borrar, olvidar a un amor, es un tatuaje imposiblemente imborrable. Olvidar a quien ha amado con denuedo, con convicción es estar ante la marginación poca romántica, es ser partícipes de los cambios convulsivos de los siglos que pasan velozmente, dejando el romanticismo a que muera lentamente. Pero aquí, ellos eran sus propios jurados y ante el juez de toda vida, se declaraban culpables, por haber ido contra el mismo y ciego destino, y solo por el hecho de amarse se encontraban culpables. No porque habían cometido pecado alguno, al contrario, sino culpable por desobedecer a sus propios destinos y si amar era eso, entonces eran culpables.
La tarde se había ido, el sol apenas podía pestañear detrás de las colinas, solo unos débiles rayos continúan iluminando algo. Ellos se preparan para salir de aquel secreto lugar, Henry ayuda con cuidado a quitar sobre el cabello de Emily todo rastro que pueda causar sospecha, pues entre sus cabellos pequeños trozos de paja habían quedado enredados. Amor, palabra inmemorial, palabra de divino consuelo a todo oído, palabra mágica que hace más que vivir un corazón, lo hace relucir ante la penumbra soledad. Antes de despedirse, se abrazan sellando al mismo tiempo aquella despedida con un beso.
Pero la envidia no tiene tregua, Emily sale de aquel establo teniendo cuidado a no ser sorprendida, menos por el dueño de casa, el terrateniente. Ella con sigilosos pasos sale de allí alejándose, dejando atrás a su amado, que la contemplaba a la distancia, para luego desaparecer por aquel camino que conducía a su hogar. Emily mientras caminaba a casa, su rostro llevaba consigo solo sonrisas, sonrisas angelicales, su cuerpo fue amado, recorrido desde punta a punta por aquel noble hombre que le amaba con suma pasión, ella solo sonreía ante los hermosos recuerdos que lleva a casa. Sin embargo un detalle daría un vuelco a sus vidas, uno que traerá solo infame desdichas. Desde una de las habitaciones de la gran casa del terrateniente, sobre el último piso, detrás de una ventana, una mujer contemplaba la escena; a Emily saliendo desde el establo y que se alejaba tratando de pasar sospechosamente desapercibida. Aquella mujer era Ann, hija del terrateniente, una mujer vinculada al movimiento puritano, una mujer de apariencia sublime, pero por dentro estaba podrida de envidia y de celos. Para ella no existía pecado en su vida, detrás de sus volubles ideas puritanas escondía su verdadera identidad, falsos como el resto que seguían esa pobre idea del puritanismo. Siendo ella que sorprendía aquella chica saliendo en forma sospechosa del establo, ciertamente no había duda que la tormenta era inminente. Dejándose llevar por la curiosidad, Ann deja su habitación para dirigirse al establo, y descubrir el motivo que tuvo Emily para estar allí, sabiendo que sus obligaciones habían terminado mucho rato atrás. Coge una lámpara, ya que la noche ya había caído, y con cuidado a no tropezar se encamina a descubrir lo que yacía allí escondido. Con algo de temor abre la puerta del establo, la oscuridad reinaba en su totalidad el interior de aquel lugar, su oscuridad era superior a la de la misma noche, pero aun así, ella hace ingreso. Con su lámpara alzada sobre su cabeza, comienza a iluminar cada rincón, recorre minuciosamente  de extremo a extremo, con insistencia volvió a echar otra ojeada, pero no hallo nada, y eso produjo en ella que su curiosidad la carcomiera por dentro. Como no hubo hallado nada, regreso a casa, pero con la seguridad que pronto descubriría el secreto de Emily.

Continua en la tercera parte.

Autor: entrepiernas.